El azúcar perjudica el sistema inmunológico.

El azúcar abarca una gran variedad de endulzantes que se pueden dividir en monosacáridos (como la glucosa, la fructosa y la galactosa) y endulzantes complejos (como la sucralosa, lactosa, maltosa, etc.). El azúcar que solemos usar es la sucralosa y es un carbohidrato que se encuentra de forma natural en diversas plantas, principalmente en la caña de azúcar. La sucralosa está compuesta por dos tipos de endulzantes simples: fructosa y glucosa.

Un abuso de azúcar está unido al debilitamiento de las defensas que luchan contra las enfermedades infecciosas, provocando que el sistema inmune pierda un 40% de su capacidad para reducir los patógenos infecciosos.

El azúcar desmineraliza al organismo provocando un desgaste en las capacidades del sistema inmune. Para metabolizar el azúcar refinado, el cuerpo extrae de otros tejidos y órganos, minerales y vitaminas con lo que se provoca un daño a largo plazo. Para combatir los virus y bacterias, los glóbulos blancos necesitan de vitamina C para luchar contra los agentes infecciosos, pero el exceso de azúcar erosiona la vitamina C de nuestro cuerpo.

Consumir 100 gramos (8 cucharadas, equivalente a dos latas de refresco) de azúcar, reduce la capacidad de los glóbulos blancos para eliminar gérmenes hasta en un 40%. Este efecto comienza unos 30 minutos después de su ingesta y puede durar hasta 5 horas.

Respecto al consumo de hidratos de carbono complejos, no tiene ningún efecto sobre el sistema inmune. Además, el azúcar es en realidad un “anti nutrientes” ya que roba nutrientes de nuestro cuerpo, en efecto, debido a que ciertos nutrientes se eliminan del azúcar durante el proceso de refinado, nuestro cuerpo no puede procesarla, por lo tanto, necesita minerales del cuerpo para unirse a las moléculas del azúcar refinado con el fin de que nuestro organismo pueda procesar dicha azúcar.

La importancia de los macronutrientes para el sistema inmune.

La relación existente entre el estado nutricional de una persona y su resistencia a padecer infecciones es un hecho ya conocido desde 1846 en que Simon determinó que los niños malnutridos presentaban una atrofia linfoide con el consiguiente deterioro del sistema inmune que no podía defender al organismo del ataque de patógenos. Sin embargo, es mucho más reciente el descubrimiento de biomarcadores y de algunos de los mecanismos que
pueden explicar el papel más específico de los nutrientes sobre la función inmune. Los resultados epidemiológicos y clínicos sugieren que cualquier deficiencia nutricional altera la inmunocompetencia e incrementa la susceptibilidad a padecer infecciones. De este modo, cualquier alteración en las defensas del individuo puede hacer sospechar de la existencia de una situación de malnutrición de mayor o menor gravedad o de algún tipo de deficiencia nutricional. El hecho de que el sistema inmune dependa de la disponibilidad de nutrientes se puede explicar por dos motivos:


a) la necesidad de sintetizar nuevas moléculas durante el desarrollo de las respuestas inmunes (por ejemplo, los aminoácidos son necesarios para la síntesis de proteínas de fase aguda) y,
b) por su utilización en los fenómenos de división y diferenciación celular que ocurren durante la expansión clonal que da lugar al ejército de células que atacan y eliminan el agente invasor.


No obstante, hay que tener en cuenta que los nutrientes no sólo influyen sobre los mecanismos encargados de defender a nuestro organismo de los patógenos que causan las enfermedades infecciosas, sino que otras funciones en las que está implicado el sistema inmune, pueden alterarse por desequilibrios en los niveles de nutrientes o causas relacionadas con la nutrición.

Carbohidratos
Estos macronutrientes son fundamentales en la dieta por ejercer entre otras funciones, la de ser la fuente de energía más importante del organismo.
A nivel inmunológico, estos nutrientes juegan un papel fundamental en la respuesta inmune celular. Es de destacar el hecho de que todas las inmunoglobulinas (Ig) y muchos factores del complemento se encuentran glicosilados (unidos a un carbohidrato). De hecho, las cadenas de carbohidratos (CH) unidas a las proteínas cumplen varias funciones importantes, como son las de proteger a los péptidos de la acción de las proteasas y orientar la ubicación de
la sustancia extraña o del antígeno peptídico en la sinapsis inmunológica.

Nota: Mejor elegir carbohidratos sin modificar, por ejemplo copos de avena, arroz, trigo sarraceno en vez de galletas, dulces etc.

Grasa                                                            
La grasa es importante por su capacidad de modificar la composición de membranas celulares, en función del tipo de ácidos grasos presentes en la grasa dietética. Se aconseja el consumo de ácidos grasos poliinsaturados (AGPI) n-3 en enfermedades inflamatorias, como la artritis reumatoide y en prevención de enfermedades cardiovasculares. El ácido araquidónico produce un aumento en los mediadores inflamatorios, y a través de éstos, regula la actividad de células inflamatorias, la producción de citoquinas y el equilibrio de las subpoblaciones linfocitarias. Se considera que, en general, los AGPI
n-3 actúan como antagonistas del ácido araquidónico. Tales efectos inducidos por este tipo de ácidos grasos, pueden ser utilizados como terapia en la
inflamación aguda y crónica, así como en enfermedades que impliquen una sobreactivación inapropiada de las respuestas inmunitarias, en general en patologías de etiología autoinmune.

Nota: Recomiendo elegir grasas sin refinar ni modificadas, por ejemplo aceite de coco, aceite de oliva, aguacates, nueces, etc.


Proteína
El tipo (calidad) y la cantidad de la proteína en la dieta pueden modificar la respuesta inmune. Una deficiencia proteica origina alteraciones en la génesis de anticuerpos, dando lugar a una disminución de los niveles séricos de inmunoglobulinas, además de un deterioro de la función tímica y la formación de linfocitos, así como una disminución de la respuesta al test de hipersensibilidad retardada cutánea.

Nota: Elegir protienas de calidad por ejemplo; pescados frescos, huevos, proteina de cáñamo, suero de leche, etc en vez de embutidos, carne procesada, etc.

Agua y rendimiento físico

El agua es el principal nutriente del cuerpo humano y está presente en un 60 por ciento del peso. Los organismos de salud recomiendan un consumo diario medio de 2-4 (según persona, deporte…) litros de agua con el fin de evitar la deshidratación que, si llega al 2% puede afectar al rendimiento y a las habilidades cognitivas y puede causar la muerte si perdemos el 10%.

En condiciones normales, nuestro organismo pierde más de medio litro de agua a través de la piel y la respiración. Cuando sube la temperatura ambiente o realizamos ejercicio físico intenso, estas pérdidas pueden aumentar hasta el litro y medio.

No debemos olvidar que las necesidades hídricas pueden variar en cada individuo de acuerdo con diversos factores como: la edad, el sexo, la intensidad y duración de las posibles actividades físicas que realicemos, las altas temperaturas y la humedad ambiental, el tipo de ropa y la tasa de sudor individual de cada persona.

No hay otra sustancia tan ampliamente involucrada en tan diversas funciones como el agua. Todas las reacciones químicas del organismo tienen lugar en un medio acuoso; sirve como transportador de nutrientes y vehículo para excretar productos de desecho; lubrica y proporciona soporte estructural a tejidos y articulaciones. Una función a destacar es el importante papel que juega en el proceso de la termorregulación. La elevada capacidad calorífica del agua permite que nuestro organismo, que tiene un elevado porcentaje de la misma, sea capaz de intercambiar calor con el medio exterior ocasionando sólo pequeñas variaciones de temperatura. El agua ayuda a disipar la carga extra de calor, evitando variaciones de temperatura que podrían ser fatales. En caso de deshidratación, las pérdidas de agua se hacen a consta de dos compartimentos principales en los que el agua se mantiene normalmente constante:

a. Compartimento intracelular.

b. Compartimento extracelular.

Cuando no se repone el líquido perdido durante el desarrollo de una actividad física o deporte se llega a un estado de deshidratación que puede desembocar en efectos secundarios que repercuten, no sólo en la disminución del rendimiento físico, aumento del cansancio, calambres musculares, somnolencia, vómitos y escasa orina y de un color un tanto oscura. La sensación de sed es ya un síntoma de alerta que activa nuestro propio organismo para indicarnos que el cuerpo está deshidratado. 

Para mantener unos hábitos y pautas de hidratación adecuados, juegan un importante papel en el desarrollo de cualquier actividad física o deportiva, pues mediante ella se:

  • Facilita el transporte de nutrientes, vitaminas y minerales por el organismo.
  • Activa las enzimas esenciales para suministrar la energía que necesita el cuerpo.
  • Favorece la eliminación de impurezas y toxinas del organismo.
  • Lubrica y proporciona soporte estructural a los tejidos y articulaciones.

Cuando no se aconseja beber agua

Los líquidos fuera de las comidas. Hay que evitar tomar líquidos durante las comidas para no diluir los jugos gástricos ni las enzimas necesarias para hacer el proceso de la digestión. Podemos beber entre un cuarto y media hora antes y dos o tres horas después de comer.

Tomar pequeños chupitos de té caliente (como el de jengibre) o de una bebida probiótica, como la kombucha, durante las comidas puede mejorar la digestión.

La importancia del descanso.

Practicar deporte y entrenar es importante para mantener nuestra salud y mejorar nuestro rendimiento, el descanso físico y mental es importante en cualquier actividad. Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que se logra mejorar las marcas entrenando y ejercitándose a diario. En realidad, nuestro cuerpo necesita un tiempo de recuperación, reparación y adaptación muscular, así que si entrenas todos los días sin descanso, no veras mucho progreso.

El razonamiento es simple, tu entrenamiento presiona tus articulaciones y cansa tu músculos. El descanso es, entonces, necesario. También representa la oportunidad para tener también un “descanso mental” y cargar las pilas mentales y motivadoras. El descanso o recuperación reduce las posibilidades de lesiones como por ejemplo, calambres o fracturas por estrés muscular.

Un buen entrenamiento físico o deportivo incluye, además de calentamiento, hidratación constante y alimentación equilibrada, un buen descanso para que tu cuerpo se recupere y asimile bien el entrenamiento. Es importante entrenar el cuerpo, pero descansar es igual de importante, pues el resultado de los entrenamientos va estrechamente ligado a los descansos.

Mantener el día, o los días de descanso en toda planificación de entrenamiento, tiene suma importancia, ya que son muchas las razones que tenemos para ello. Hay gente que piensa que el descanso lo único que hace es que se pierda lo logrado después de duras sesiones de entrenamiento. Nada más lejos de la realidad, ya que el descanso es uno de los principales relajantes y reconstituyentes musculares.

Para rendir más en nuestros entrenamientos es primordial que acudamos con los músculos descansados y listos para afrontar el entrenamiento. De esta manera tendremos más fuerza y lo notaremos a la larga. Por esto es primordial guardar descanso entre los entrenamientos.

La importancia de dormir

Mi recomendación siempre es acostarse siempre a la misma hora, así acostumbramos al cuerpo a tener un horario para descansar efectivamente.

“Un buen sueño nocturno proporciona la base óptima no solo para el rendimiento físico sino también mental. Con respecto al rendimiento físico, el descanso y la recuperación son esenciales para lograr el mejor rendimiento. Si ha descansado enfrentara los retos sociales, profesionales y físicos en su mejor forma mental y corporal.

Ciertamente, podemos vincular la actitud positiva y la confianza a nuestro rendimiento físico, pero los sistemas fisiológico y biológico deben recuperarse totalmente para poder rendir al máximo”. Hay tres áreas de máxima importancia para los atletas: el entrenamiento, la nutrición y el descanso. Por ejemplo, al no dormir lo suficiente los tiempos de reacción sufren, el rendimiento sostenido cae y hay un declive en el funcionamiento físico general. Más aún, se sacrifican los estados de vigilancia y alerta lo que puede resultar en bajo rendimiento y posiblemente causar lesiones”. Por otro lado, diferentes investigaciones apuntan que las horas en las que dormimos, más precisamente durante la tercera y cuarta etapa del ciclo de sueño, el cuerpo recupera su estado óptimo y es cuando se libera la “Hormona de Crecimiento Humano” (HGH), que es producida por la glándula pituitaria en la base del cerebro, tiene efectos ventajosos y estimula lo siguiente:

  • Aumento de masa muscular.
  • Reparación del Músculo.
  • Construcción ósea.
  • Quema de grasa.

En conclusión, es vital dormir lo suficiente para que nuestro cuerpo se recupere. Tal y como los deportistas dan atención a la nutrición y cada una de las rutinas de entrenamiento, se deben respetar y planificar las horas de descanso que deberían de ser entre 7 y 10 horas.

Síndrome metabólico y bebidas azucaradas o edulcoradas.

El consumo de bebidas azucaradas se ha relacionado con una mayor incidencia de diabetes tipo 2 debido a la presencia de hidratos de carbono de absorción rápida y al empeoramiento del control glucémico en pacientes con diabetes, independientemente de la adiposidad. Asimismo, se ha investigado el efecto de bebidas edulcoradas artificialmente sobre los niveles de citocinas proinflamatorias, encontrando un incremento en pacientes con sobrepeso  que se relaciona con mayor riego de diabetes tipo 2.

Las personas con un alto consumo de bebidas azucaradas tienen un riesgo un 20% mayor de desarrollar síndrome metabólico. Las bebidas con alto contenido de fructosa producen aumento de triglicéridos, de LDL colesterol, descenso de HDL colesterol, dislipemia aterogénica e insulinorresistencia, así como aumento de la grasa visceral o depósitos ectópicos de grasa).

Los resultados de estudios que asocian el consumo de bebidas azucaradas con el aumento de masa grasa o el índice de masa corporal en población infantil y juvenil son contradictorios. Algunos estudios clínicos aleatorizados han demostrado asociación entre un incremento en el índice de masa corporal de 0,04 por cada ración de bebida azucarada consumida. El análisis de un programa de educación sobre alimentación saludable con exclusión de bebidas azucaradas en niños de 7 a 11 años demostró un descenso del 0,2% en la incidencia de sobrepeso u obesidad frente a un aumento del 7,5% en los que no recibieron este programa.

Se ha sugerido que las personas que consumen bebidas edulcoradas no con azúcar tienen menor riesgo de obesidad, si bien la evidencia disponible no es concluyente. El consumo de zumo de frutas también se ha relacionado con un aumento en la incidencia de sobrepeso en niños sin que la evidencia sea categórica en este sentido.

Pero aunque es cierto que el edulcorante tiene menos calorías que el azúcar, una investigación reciente apunta que, quizás, al pedir la bebida en su versión edulcorada, le estamos haciendo un flaco favor a nuestra dieta y en concreto a la microbiota (conjunto de microorganismos) del intestino. Y resulta que estos diminutos inquilinos, sobre todo bacterias, son esenciales para nuestra salud y también para evitar problemas de tránsito intestinal.

Aunque el abuso del azúcar puede suponer daños fisiológicos y aumentar el riesgo de sobrepeso y obesidad, así como de padecer las enfermedades asociadas, algunos edulcorantes también modifican la microbiota intestinal, por lo que tampoco son inocuos para el cuerpo. Estos son los resultados de un estudio reciente publicado en Molecules.

Los investigadores de la Universidad de Negev (Israel) han concluido que la presencia de un miligramo por mililitro de sangre de algunos de los edulcorantes más comunes, como la sacarina y el aspartamo, ya tiene “efectos tóxicos” y negativos para la microbiota intestinal. En otras palabras: abusar de los edulcorantes desequilibra el importante balance de las bacterias y les impide trabajar de forma correcta.

Evítalos siempre que puedas o disminuye su cantidad si quieres mejorar tu salud.

Extraído del libro “Nutrición clínica”

Alcohol y deporte.

Las bebidas alcohólicas ralentizan el metabolismo de las grasas, ya que el cuerpo utiliza el alcohol como fuente de energía. Dos copas pueden reducir la capacidad de quemar grasa del cuerpo hasta en un 73%.

De hecho, sólo un trago de vodka contiene 100 calorías! No sólo al beber aumentar su consumo de calorías vacías, se ralentiza el metabolismo y obstaculiza la capacidad del cuerpo para procesar los alimentos.                                                                                                                                                                      

El consumo de alcohol también afecta el crecimiento muscular. No sólo va a tener una resaca y va a bajar la intensidad del entrenamiento, sino que su consumo en realidad disminuye la síntesis de proteínas en un veinte por ciento. Hay varias razones por que lo hace.

Por un lado, se deshidratan sus células musculares. Como muchos saben, hidratadar los músculos permite una situación anabólica mucho más alta.

Debido a que sus células no contienen más agua, se vuelve mucho más difícil construir músculo.

El alcohol disminuye y casi suprime el ritmo de secreción de hormona del crecimiento endógena; generando con esto que los avances musculares sean muy lentos y de baja calidad.

Cuando se consume alcohol se produce una reducción en los niveles de testosterona sérica; promoviendo con esto, un deterioro en el avance muscular, al mismo tiempo que decae el umbral de anabolismo muscular.

Además causa deficiencia de vitaminas B1, B2, B6, B12 y C.

El etanol afecta el sistema nervioso pudiendo provocar en un primer momento euforia y mayor fuerza, pero el efecto final es depresivo, es decir, deprime las capacidades del individuo para actuar ante cualquier situación y reduce los reflejos.

Las personas que han estado bebiendo grandes cantidades de alcohol durante largos períodos de tiempo corren el riesgo de desarrollar cambios serios y persistentes en el cerebro. El daño puede resultar de los efectos directos del alcohol en el cerebro o pueden resultar indirectamente, de un mal estado de salud general o de una enfermedad grave del hígado.

Son muchos los problemas que pueden ocasionar el alcohol, intenta evitarlo si quieres cuidar tu cuerpo y tu  mente.

Hábitos que causan desequilibrios hormonales

  • Tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3): Producidas por la glándula tiroides. En la etapa de la niñez y la adolescencia, promueven el crecimiento y la maduración del sistema nervioso central y durante la etapa adulta regulan el metabolismo conjuntamente con la insulina.
  • Insulina: Su función principal es regular los niveles de glucosa en la sangre, contrarrestando la acción de hormonas generadoras de hiperglucemia.
  • Progesterona, testosterona y estrógenos: Son las hormonas sexuales, encargadas de la fertilidad y cambios físicos tanto en hembras como en varones.
  • Adrenalina y cortisol: Conocidas como las hormonas del estrés. Son producidas en momentos de peligro para nuestro cuerpo, generando taquicardias, pensamientos y acciones de huida, dándonos a su vez una sensación de energía.
  • Serotonina y endorfinas: Conocidas como “las hormonas de la felicidad”, nos aportan bienestar. La primera nos da la sensación de sentirnos importantes y nos aleja de la depresión, la cual es la principal causa mundial de discapacidad según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el caso de las endorfinas, potencian la socialización y la tolerancia al dolor ante estímulos dolorosos. El ejercicio físico nos ayuda a producirlas naturalmente.
  • Melatonina: Llamada también la “hormona del sueño”, es estimulada por la oscuridad e inhibida por la luz. Está vinculada con las funciones de nuestro cuerpo durante el día y durante la noche. Se dice que esta hormona controla nuestro reloj biológico.

El exceso o disminución en la producción de estas y otras hormonas puede causar síntomas y signos desagradables que nos alertan que algo anda mal en nuestro organismo. Aquí enumeramos algunas causas de estos desequilibrios hormonales:

1. Estrés como desencadenante de desequilibrios hormonales.

El factor estrés prolongado puede suprimir la función de las glándulas adrenales, bajando así los niveles de cortisol. Esto provoca sensación de debilidad y cansancio en las primeras horas del día, falta de concentración, dificultad para tomar decisiones y hasta depresión.

Altos niveles de estrés también provocan ansiedad y esta, junto a la depresión, requieren atención psiquiátrica para ser tratadas. Aunado a ello, el estrés podría disminuir el apetito. Como resultado, nuestro cuerpo no recibe los nutrientes diarios necesarios y aparecen los desequilibrios hormonales.

2. Alimentación y ejercicio.

Nuestra forma de alimentarnos repercute de forma directa en el equilibrio hormonal. Cuando esa alimentación es deficiente, pobre en aminoácidos esenciales y en ácidos grasos esenciales, el cuerpo toma cuenta de ello reflejándose de forma directa en la estabilidad hormonal. Acciones como las de no desayunar, comer en exceso grasas de origen animal o no practicar algún tipo de ejercicio alteran ese equilibrio. 

Consejo: Una alimentación basada en verduras y hortalizas (al menos el 50% de lo que comemos cada día), con 2-3 o más frutas al día, suficientes proteínas y grasas saludables y limitado los cereales (sobre todo refinados) y tubérculos a un máximo del 25% es la mejor manera de cuidar de nuestra salud hormonal y que nuestro organismo funcione de manera óptima.

Los alimentos ultraprocesados son una combinación nefasta de azúcar, harinas refinadas, grasas malas y sal con un efecto nocivo en nuestra salud

Realizar ejercicio de forma regular, ejercicios aerobicos y anaeróbicos.

3. Anticonceptivos orales y medicamentos con hormonas.

Los anticonceptivos y otros medicamentos con hormonas son usados para tratar algunas dolencias. El problema es que pueden traer como consecuencia un alteraciones en el organismo debido al aumento inducido de los niveles normales de ciertas hormonas específicas, según sea la ingesta.

Si estos medicamentos son consumidos en exceso con respecto a su dosis recomendada, se desencadenarán problemas hormonales. Por ello es muy importante que sean indicados exclusivamente por un especialista que mantenga un control mensual de lo que pasa con tu cuerpo durante el tratamiento.

4. Menopausia.

En esta fase de la vida de la mujer es muy frecuente un desequilibrio hormonal. La razón de ello es que los niveles de las hormonas sexuales varían de tal manera que el cuerpo debe adaptarse a su nuevo cambio.

Esta adaptación sucede, muchas veces, con la ayuda de hormonas indicadas por el médico. El objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas o molestias de la menopausia para hacerla más llevadera.

5. Factores externos.

Exponerse durante mucho tiempo a las radiaciones de equipos como computadoras, teléfonos celulares y televisores afecta la producción de hormonas específicas, provocando alteraciones en el organismo. Una mala alimentación y pocas horas de sueño diarias también influyen.

El consumo de algunas sustancias nocivas para la salud también podría ocasionar desequilibrios hormonales. Estas sustancias son, en su mayoría, las drogas, tabaco y alcohol.

Aunque las mujeres son el grupo de mayor incidencia de problemas hormonales, cabe destacar que los hombres también pueden sufrir de desequilibrio hormonal. Esto les ocurre durante el período de andropausia, el homólogo a la menopausia en la mujer. En la etapa adulta sus niveles de testosterona comienzan a disminuir y esto refleja en:

  • Disminución del deseo sexual
  • Baja producción de espermatozoides
  • Pérdida de masa muscular y ósea
  • Aumento de grasa corporal
  • Falta de concentración
  • Insomnio
  • Depresión

Si bien no todos se ven afectados por los síntomas, es importante acudir a un médico especialista al experimentar cambios en nuestro cuerpo y en nuestro estado de ánimo sin causas aparentes.

Podemos llevar una vida plena durante todas sus etapas, siempre y cuando busquemos ayuda con las personas cualificadas en el momento en que lo necesitemos.

Calambres Musculares, cómo tratar y prevenir.

¿Qué son?

Los calambres son espasmos musculares involuntarios que se presentan con dolores repentinos muy agudos que afectan al movimiento. A diferencia de las contracturas, el calambre es ocasional y no permanente. Por otro lado, pueden producirse casi en cualquier parte de nuestro cuerpo ya que disponemos de más de 600 músculos

Dentro del ámbito deportivo, existen múltiples causas que pueden provocar calambres y espasmos musculares. Las principales son:

Sobreesfuerzo del músculo y ejercicios muy intensos y prolongados. El calambre se produce cuando el músculo empieza a llenarse de toxinas y deshechos, y comienza a quemar oxigeno con dificultades.

Perdida de sales minerales (principal causa de los calambres que ocurren tras entrenar durante un rato largo).

Contracciones musculares en situaciones de pérdida de potasio.

Ejercicio rápido sin previo calentamiento o muy prolongado.

Será conveniente consultar al médico o un profesional del deporte cuando los calambres se presenten de forma repentina en forma continua o ante una determinada situación.

El médico realizara los estudios necesarios para confirmar la existencia de un determinado proceso patológico. Bajos estos resultados el facultativo podrá recomendar medicamentos, dietas o rehabilitación física.

Sin embargo, existen ciertas precauciones que se pueden seguir para evitar los siempre molestos calambres, como son hacer precalentamiento, estiramiento y relajación antes y después de hacer ejercicio o asegurarse de incluir en la dieta alimentos ricos en potasio como cítricos, plátanos, legumbres y otros vegetales.

Recomendaciones para cuando se presenta un calambre:

Interrumpir la actividad, aunque normalmente, el propio calambre tiende a obligar a detenerse al individuo.

Masajear el músculo, ya que se suele notar un cierto alivio con la presión sobre la zona en la que se presente el calambre.

Tratar de estirar el músculo, incluso con la ayuda de las manos, a continuación relajarlo y seguir tratando de estirarlo.

Cuando el calambre remite, ponerse en movimiento con suavidad, de forma que el músculo trabaje. Si nos inmovilizamos se puede repetir.

Refrescar con agua fría suele ayudar.

Conservación por calor (Alimentos)

Su finalidad es la destrucción de los microorganismos y sus esporas y la inactivación de las enzimas que producen el deterioro de los alimentos. La cantidad de calor y el tiempo de aplicación dependerán de la naturaleza del producto, la presencia de las enzimas, el número y tipo de microorganismos, las condiciones de almacenamiento posterior del alimento y la combinación con otras técnicas de conservación.

Con la combinación se busca reducir el tiempo de exposición y la temperatura aplicada obteniendo los mismos efectos.

  • Escaldado. Este proceso se aplica para inhibir enzimas. Aunque no tiene temperatura suficiente para eliminar a todos los microorganismos, es capaz de reducir la población de microorganismos poco resistentes al calor, tales como levaduras, mohos y ciertas bacterias patógenas del tipo Listeria, Salmonella o E. Coli que se encuentren en la superficie de los alimentos.

Se suele realizar a 90-95 ºC durante unos minutos. Su principal misión es la inactivación de enzimas para evitar el deterioro.

Se emplea sobre todo en alimentos que van a ser congelados posteriormente para evitar las reacciones de estas enzimas, ya que el proceso de congelación puede reducir su actividad pero no la detiene del todo. Se realiza a temperaturas no muy altas. Durante el escaldado se pueden perder valores nutritivos hidrosolubles por efecto del lavado y en menor medida por efecto del calor. Como regla general, el tiempo de escaldado y temperatura se establecen para evitar la pérdida de valor nutricional sin comprometer la inactivación enzimática.

  • La pasteurización consiste en calentar el alimento a 72 ºC durante 15-20 segundos, y enfriarlo rápidamente a 4 ºC. Es un proceso que depende de la calidad microbiológica del alimento crudo. Se puede aplicar al productoy después envasarlo en un recipiente aséptico o higienizado o, por el contrario, hacer el proceso como en el caso del UHT, pero con las temperaturas y tiempos de la pasteurización.

Se utiliza en muchos alimentos, sobre todo la leche, bebidas aromatizadas con leche, zumos de frutas, cerveza y algunas pastas de queso.

El resultado final es un producto de alta calidad nutricional, siempre que lo sea de partida, y que por no ser estéril precisa de su conservación en frío. Este tipo de productos llevan fecha de caducidad, no debiendo ser consumidos tras la misma. Dicha fecha está marcada por ley. En ocasiones, para evitar el transporte

y almacenamiento en frío, se combinan con otros sistemas de conservación, tales como la acidez, adición de azúcar o sal para reducir la presión osmótica y evitar el crecimiento bacteriano.

  • La esterilización o apertización (en honor al confitero Nicolas Appert-1783) se refiere al proceso industrial por el que se somete al alimento a temperaturas y tiempos suficientes para garantizar la eliminación absoluta de los microorganismos, sus formas de resistencia y la inactivación total de enzimas presentes en el alimento.

El proceso implica el envasado previo de los alimentos en un recipiente hermético.

Con este procedimiento se producen cambios sustanciales en el valor nutritivo de los alimentos, así como en su aspecto y estructura; los tres parámetros que se controlan fundamentalmente son temperatura, tiempo y pH. De tal forma se sabe que con pH por debajo de 4-5, las esporas son más vulnerables, pudiendo ajustar más el tiempo y temperatura.

Los avances en la tecnología alimentaria buscan estas combinaciones para evitar la máxima pérdida de valor nutricional y organoléptico.

En general, a más alta temperatura, menor tiempo, ya que se sabe que los nutrientes sufren menos a altas temperaturas en cortos espacios de tiempo, mientras que los microorganismos y enzimas siguen sufriendo los mismos rangos de destrucción. No hay alteración del valor nutritivo de proteínas, glúcidos ni lípidos. Puede existir pérdida de valor nutritivo para algunos aminoácidos, como la lisina, que raramente supera el 25% y algo parecido ocurre con el triptófano. En cuanto a las pérdidas de vitaminas no afectan más que a la timina (50-75% dependiendo del alimento) y ácido pantoténico (20-35%). En las conservas vegetales esterilizadas se pueden producir pérdidas importantes en la vitamina C.

  • UTH. Son las siglas de Ultra High Temperature. Es un proceso que esteriliza el alimento, principalmente alimentos líquidos. Muy extendido en la leche. Podemos clasificarla según la fuente de calor entre en contacto con el alimento a esterilizar: UHT indirecto o UHT a secas, en el que la fuente de calor, vapor de agua a mucha temperatura no entra en contacto con el alimento, calentándolo a través de una pared que separa ambos fluidos.

Se realiza en continuo y el envasado se realiza después del proceso UHT, por lo que el envase ha de esterilizarse por separado y previamente, luego ambos se unen, sellando el envase tras su llenado en condiciones asépticas.

Con este procedimiento se alcanza una temperatura de 135º a 140º C por un espacio de tiempo mínimo de 2 segundos, llegando alos 20. Estas temperaturas y tiempos aseguran la destrucción de todas las formas de microorganismos y la mayoría de las enzimas (aunque no todas se eliminan) protegiendo al alimento de la pérdida de valor nutritivo. En el caso del UHT directo o uperización, la fuente de calor entra en contacto directo con el alimento, es decir, se inyecta vapor de agua a mucha temperatura durante apenas 1 a 4 segundos, llevando durante este tiempo al alimento a temperaturas cercanas a los 150 ºC. Una vez que se ha producido la esterilización del alimento líquido se retira el vapor por expansión directa. Después se enfría rápidamente a temperatura ambiente.

El valor biológico de las proteínas no disminuye y las pérdidas vitamínicas son mínimas, del orden del 10% para la C y B1, y menos del 20% para la B2, las pérdidas de piridoxina son mínimas, se inactivan las enzimas termolábiles y se evitan gran cantidad de reacciones adversas y de coloración.

Conservación por frío (Alimentos)

La aplicación de frío a los alimentos tiene como objeto retrasar los cambios que se producen
en éste durante su almacenamiento. Por lo tanto, el éxito de este procedimiento dependerá del estado microbiológico, de la presencia de enzimas, del envasado y del tipo de alimento que se enfría previo al proceso de congelación.

La conservación de los alimentos por el frío no esteriliza los alimentos. Por ejemplo, a las
temperaturas de congelación de los alimentos (–18/–24 ºC) cesan toda la actividad microbiana, pero las enzimáticas pueden continuar lentamente. Por ello, y con el fin de evitar esta actividad, los alimentos congelados suelen sufrir con anterioridad a la congelación procesos tendentes a eliminar la actividad de esas enzimas, tales como el escaldado. Una vez que los alimentos congelados se descongelan los microorganismos presentes vuelven a reproducirse.

La refrigeración es aquel proceso de conservación del alimento en el que éste se mantiene
a una temperatura comprendida entre –1º y 8º C. Es un sistema que se combina con otros procesos de conservación, pues el objetivo de la refrigeración es retrasar los procesos de degradación microbiana, enzimática y físico-química que se pueden dar en los alimentos pero no los elimina. Es un sistema muy
utilizado para mantener los alimentos precocinados hasta el momento de su consumo.

Es sistemática en alimentos como la leche, verduras y frutas; en las 24 horas posteriores a la recolección, se almacenan a temperaturas que oscilan entre los 0 y los 8 ºC. La carne dura cinco días máximo en refrigeración.

La congelación es un procedimiento por el cual se alcanzan en el núcleo del alimento los –20 ºC, interrumpiendo así todo desarrollo microbiano y limitando la acción de las principales enzimas y reacciones químicas. Esto se debe a que se inmoviliza el agua de los alimentos en forma de cristales de hielo y, por lo tanto, no está disponible para que se produzcan las reacciones químicas y la actividad microbiana. Aunque no toda el agua de los alimentos se congela en el proceso, se produce un aumento de solutos en el agua restante que también produce una reducción de la actividad de agua y este hecho contribuye a la conservación. Cuando la congelación se realiza de forma adecuada el valor nutritivo y organoléptico del alimento apenas sufre cambios.

La congelación es una de las mejores técnicas de conservación, ya que preserva de forma
casi íntegra las cualidades nutritivas y organolépticas de los alimentos. Ahora bien,
dependerá de la calidad del alimento, de la técnica de congelado, de que se haya respetado escrupulosamente la cadena de frío y, por último, del descongelado y cocinado adecuados
que consigamos el mayor rendimiento nutritivo. Lo ideal es cocer el alimento sin descongelar, siempre que sea posible. En cuanto al valor vitamínico se considera equiparable al del alimento fresco.

Liofilización o criodeshidratación. Es una deshidratación por frío. El alimento se congela previamente y después, por exposición al vacío, se produce una sublimación de los cristales de hielo que deshidratan al alimento. Al no existir un calentamiento del alimento, las pérdidas de valor nutricional son mínimas y las características organolépticas son muy buenas. Se utiliza para las leches infantiles, setas, sopas, café, té e infusiones. Los alimentos liofilizados contienen sólo un 2% de agua. Tras la rehidratación, se recuperan todas sus cualidades alimenticias.